Get Adobe Flash player

 

 La historia de Sumedha puede ser la historia de tu alma

Silenciosamente viene el Buda

 Despierta la naturaleza de tu Buda interno

por Elizabeth Clare Prophet

La La historia de Sumedha
puede ser la historia de tu alma

 

Hay algunos que nacen para ser el Cristo y hay algunos que nacen para ser el Buda. ¿Quién es Cristo? ¿Quién es Buda? ¿Quién eres tú? ¿Por qué naciste? Para ser hombre, para ser mujer, para ser padre, para ser madre. Sí, para esto y más.

Para ser el Cristo o para ser el Buda debes saber que esa es la meta de la vida para tí. Hay algunos que lo saben desde su interior, pues sus almas han clamado y ellos han seguido el llamado de la conciencia y de la llama interior. Cuando escuches a tu alma clamar por niveles más profundos de satisfacción, escúchala y respóndele. Sabe, en los lugares más recónditos del interior de tu alma, que la vida tiene el propósito de ser un reflejo de la infinitud de Dios.

En el momento en que se funden tu ser interno y tu ser externo, te das cuenta de que convertirse en el Cristo o convertirse en el Buda es la meta de la vida para todas las evoluciones de seres en los planos terrenales y divinos.

Éste es el momento cuando la chispa del logos enciende la llama de la naturaleza búdica en lo profundo de nuestro interior, y la pasión abrumadora que siente el devoto se convierte en la búsqueda del maestro y de la enseñanza. De aquí que la visión de la meta inspire al alma a buscar el sendero de la completa satisfacción.

Así, de mi comunión con Dios el Altísimo, nació el Óctuple Sendero, una comunión que era una suprema compasión, un profundo deseo de enseñar a la humanidad cómo regresar al centro de la realidad trascendente.

 

A aquellos que quieren regresar a Vos
Y anhelan vislumbrar la eternidad,
Les llevaré la luz,
Les llevaré el recuerdo
de la vastedad de su origen.
Les llevaré una copa de llama viva
Del altar del Dios Altísimo.
Les ofreceré la copa de oro líquido
a aquellos que os honran
y pueden contener
vuestra luz, vuestro ser
y la realización de vuestra ley
en la mente, el corazón y el alma
para que puedan alcanzar su meta.

 

 

La historia de Sumedha puede ser la historia de tu alma

Desde luego, la historia de Sumedha puede ser la historia de tu alma, de uno que reconoció la meta de la Budeidad, la buscó valientemente y la ganó. La lucha por convertirse en un Buda comienza con la maestría personal formulada en el núcleo ardiente del ser. En verdad esta es la luz que ilumina a cada hombre y a cada mujer nacidos de la esencia de Dios. Aquellos que se aplican con diligencia al sendero del bodhisattva no tienen miedo de hacer un esfuerzo extenuante para vencer la voluntad humana y declarar “Paz, ¡conserva la calma!” a la tempestad de las emociones humanas y a la turbulencia del intelecto humano.

Para entrar en la conciencia búdica, reconocer dentro de nuestra propia alma la iniciación búdica y recordar el antiguo linaje de una multitud de Budas, debes haberte preparado ya.

 

 

DIPAMKARA

…Así, después que tuviera lugar la retirada de Shamballa a la octava etérica, Sanat Kumara reencarnó como Dipamkara, el Buda de la Lámpara brillando, vino a alumbrar nuestras lámparas, o nosotros vinimos con Él como parte de los 144.000 para ayudarle a encender las lámparas de las almas de la tierra.

En la tradición Budista, Dipamkara caminó la tierra para salvar almas. La palabra sanscrita Dipamkara significa Encendedor de Luces o el Luminoso.  Dipamkara es un buda legendario que vivió hace muchísimo tiempo, fue el primero de los 24 Budas que precedieron a Gautama Buda.

Sanat Kumara siendo Dipamkara, como nosotros lo entendemos, tuvo 23 budas antes de que Gautama Buda, reencarnara. Así nosotros podemos tener el sentido de “Cadena” de aquellos que vinieron a la tierra en el intento de galbanizar, acelerar, de traer a la la humanidad hacia atrás, al deseo de tener la luz de Dios en ellos.

Pensad cómo podría ser si la tierra estuviera perdida y las civilizaciones fueran destruidas y la gente volviera casi al nivel de los cavernícolas. Al nivel de andar a cuatro patas, incapaces de sostenerse de pié porque ellos no tendrían la LLama. Pensad tener que trabajar con una evolución en ese punto, y traer a esa evolución hasta donde estamos hoy.

Bien, eso es lo que algunos fuisteis, y eso es lo que algunos habéis estado haciendo durante mucho tiempo. Y por tanto, tenéis un tremendo interés volcado, en ver que la enseñanza sea sostenida, que la enseñanza estará allí y que el fuego que vosotros iniciasteis permanecerá y que no será despreciado. Nosotros todos, incluyendo los Maestros Ascendidos, tenemos una tremenda inversión puesta en el futuro y en el destino del planeta tierra.

Dipamkara profetizó que el asceta Sumedha llegaría a ser el Buda Gautama en una vida futura. Los budistas consideran que Dipamkara, Gautama Buda y Maitreya son los Budas de los tres tiempos: pasado, presente y futuro. Dipamkara es el Señor del Mundo pasado, Gautama Buda ,es el Señor del Mundo presente , y el Señor Maitreya, será el futuro Señor del Mundo.

La autora Alice Getty escribe: “Se cree que el Buda Dipamkara vivió en la tierra 100.000 años; Él estuvo en la tierra 3.000 años anteriormente en la tierra, buscando a alguien digno de escuchar la Verdad Divina. Él, entonces, decidió convertir al mundo.”

Él “provocó” la aparición de una gran ciudad procedente de su lámpara, y se asentó asimísmo en el espacio, mientras que la gente admiraba su milagro, llamas potentes fueron emitidas de sus cuatro murallas, el miedo se apoderó de sus corazones y ellos buscaron a un Buda para que los salvara, Entonces, Dipamkara viene de la ciudad ardiendo, se sienta sobre el Trono del león, y comienza a enseñar la Ley.

…Sumedha -tu propia alma y la mía- había resuelto encontrar el camino y no permitir que nada lo detuviera. Y su corazón se llenó de gozo cuando escuchó que el Buda Dipamkara venía por el camino. Mientras Sumedha despejaba el camino para que pasara el santo entre los santos, meditaba sobre el nombre de Buda, que significa “el que enciende luces”.

Dentro de su alma proclamó: “¡Ya viene el Buda! ¡Salve, el Buda viene a reinar!” Meditó sobre la ley de los tres más tres, la estrella de seis puntas de poder sagrado que puede salvar a toda la vida consciente.  Y mientras visualizaba la imagen de Buda entronizada dentro de su corazón, llegó el Buda Dipamkara.

El sendero aún no estaba despejado. Se tiró al suelo boca abajo rápidamente, con la cara sobre el fango para que el Buda y sus discípulos, que ya se acercaban, pudieran caminar sobre él mientras Sumedha yacía, esperando la procesión del Buda, contemplaba cómo podría descubrir el método para transmutar la corrupción y convertirse en el Incorruptible. Y reflexionaba en su corazón cómo podría poner a salvo la sabiduría y todo el conocimiento a través de la budeidad.

Con cada anhelo de su corazón, con cada deseo de completud, el compasivo se ganó el derecho de representar el alma de la humanidad. Pues él buscaba la omnisciencia, no por la adulación personal en este mundo ni para obtener una ganancia personal en los mundos venideros, sino para ayudar a los demás a cruzar el mar amargo y a alcanzar la playa de la dulce salvación. Buscaba la iluminación para convertirse en un Buda para la humanidad, en un Buda aquí y ahora.

Aquel que desee convertirse en un Buda debe encontrar la completud por medio de la humildad para que todos puedan caminar sobre el cuerpo del Buda, pasar a través de su mente y ser alimentados por su energía y su maestría personales. El alma que yace con la cara sobre el lodo, el alma decidida en el sendero del desprendimiento a servir a todos los seres conscientes, jura que deberá lograr esto antes de abandonar la Tierra y entrar en el Nirvana.

Y luego el Buda Dipamkara se paró ante Sumedha, que estaba postrado en el fango y proclamó a todos que en vastos ciclos que aún tenían que llegar, Sumedha sería coronado como un Buda, el Señor de Todo el Mundo. El destino proclamado por Dipamkara ese día no sólo era el de Sumedha, sino el de toda alma viviente. La única diferencia entre Sumedha y otras almas era que él aceptaba su destino ordenado por Dios, su responsabilidad de convertirse en el Buda.

 

 

Para Aquellos que Seguirán los Pasos de Sumedha

La Predicción de Dipamkara

 

Y así el Señor Dipamkara profetizó el futuro del que sería el Buda:

‘¡Mirad al discípulo del Señor! ¡Mirad al devoto del Mundo! ¡Mirad a aquél! ¡Oh, ya ha llegado! El Tathagata, El Que Ha Venido,! Sumedha en el mundo venidero, un Buda en el mundo será ‘:

Él habló de la gran renunciación de aquél, Sumedha, y de su vehemente esfuerzo. Habló de las austeridades, de los sacrificios y la compasión de aquél, Sumedha que sería conocido como El Compasivo.

Y ante todas las multitudes, El Señor proclamó el futuro nombre de este amado hijo, de su madre y de su padre, Maya y Suddhodana, y de ese nombre que se le legó, Gautama, emanando de vastos eones, de edades doradas del pasado, de anillos de luz alrededor del Sol

y de ese Sol, el YO SOY EL QUE SOY, nacerá el alma del clan Shakya. Gautama es el nombre celestial traducido para el Buda que será el fuego de Dios: Un espíritu llameante que desciende como un cetro, un rayo de divinidad del cielo. Gautama es su nombre celestial, Gautama el nombre de la sagrada llama.

Dipamkara habló a toda la gente allí reunida de eventos predichos y de la antigua ley escrita en el Libro de la Vida. Habló de hijos e hijas de profetas y reyes que vendrán en tiempo y espacio futuros a cumplir el Drama y a resolver su karma terrenal.

Ellos entonarán la poesía de los ángeles devas, alabando a los espíritus de los elementales, y cantarán con los músicos gandharva, rindiendo homenaje a los Budas de la antigüedad y magnificarán la sabiduría de las edades en una nueva era por venir.

Y así Dipamkara profetizó que este Hijo de hijos este Rey de reyes, este Buda de Budas vendrá a meditar debajo de la higuera de Bengala y, estando allí, recibirá el potaje de arroz de la hermosa madre.

Él vendría a buscar y a encontrar el Río Dorado que fluye, para bañarse en él, para ponerse el adorno de los santos, para formar los cuarenta y nueve gránulos, del potaje de arroz bien refinado, que lo sustentará cada día de su gozo nirvánico, para luego emprender el camino, el camino del conquistador, al lugar del árbol de la sabiduría.

Y Sumedha, un alma intrépida en el camino correcto, un alma brillante en la luz, un alma de gloria que desciende del trono de la gracia tomará su lugar donde se sienta el Buda del principio hasta el fin durante eones de destino cósmico, este lugar sagrado para entrar en el mundo celestial, este lugar sobre la Tierra consagrado por el Señor de los señores.

Debajo de la higuera se sentará, en el lugar inmutable, de la ley irrevocable. Aquí la fuente de la sabiduría y el trono de la sabiduría alimentados por los Budas de las edades.  Aquí un día Sumedha vendrá para dar la cara al Este desde el inmortal árbol de Bodhi.

Y Dipamkara dijo:

“Aquí se ha resuelto en la sabiduría absoluta, un día en ciclos aún por venir, que este devoto, que postrado frente a vosotros con la cara en el lodo, vendrá a encarar la conciencia cósmica del Uno y a procurar la iluminación.

¡Mirad a Sumedha, el Buda del futuro!”

 

Sé como el alma de Sumedha y acepta tu logro espiritual futuro y el presagio de dicho logro en el ahora siempre presente. Sé el alma que se aferra al fíat del Señor del Mundo “¡Tú serás el Buda!” con el voto “¡Yo soy el Buda aquí y ahora!”

No importa que en tu estado de conciencia actual sientas que el logro espiritual búdico esté muy lejos aún. Entiende la oportunidad que se te ha dado y acéptala. Prepárate renglón por renglón por medio de las virtudes de la rueda de la perfección. Pues dichas virtudes son llamas de la gran llama única pétalos del loto de mil pétalos en la coronilla iluminada.

No esperes que un Buda o un Ungido del Cristo te confiera mágicamente el logro espiritual. Decídete a ser el Buda ahora y a buscar con diligencia las Diez Perfecciones. Y luego construye el fundamento de tu budeidad gradualmente, con incrementos de los rayos secretos. Y un día tu alma será un verdadero imán del Sol Central y atraerá una cantidad tal de luz búdica que podrá iluminar a los bodhisattvas aún por llegar.

El discernimiento y la compasión deben gobernar todo lo que des.  Contempla y medita en el Buda que está en tu interior como el repartidor de todo don perfecto. Y contempla y medita en el Buda interior como el que recibe tu don. Ten la certeza de que toda dádiva es para revestirse uno como Dios, para luego regalar este amor de Dios sobre toda la humanidad aquí abajo.

Mira cómo la llama tripartita de Shambala te dará la maestría del Conquistador del Mundo sobre el fuego, el aire, el agua y la tierra. Esta es la maestría del Buda que comprimió los cuatro cepos de la limosna en uno solo.4 Y luego mira cómo las cuatro vasijas de nuestro hogar temporal no son sino jarros de barro en este mundo temporal, carpas en las que vivimos entre el polvo. Y cuando regresamos una y otra vez al rojo polvo de la Tierra, el amargo mar del samsara, olvidamos nuestros orígenes en la Madre Eterna.

A lo largo de las edades ella ha enviado a sus emisarios a recordarnos quiénes somos y a ayudarnos a regresar a casa.

Ellos nos han dicho, “recibid las chispas de bodhichitta y volveos. Que éstas impulsen las envolturas de la mente y de las emociones para apegarse a los velos de gasa que transportan a nuestras almas hacia lo alto, a la morada del cielo, la morada de la Madre Eterna”.

Medita sobre el nexo de la mente de Buda, donde convergen los sagrados elementos de la conciencia. Este es el punto donde el Buda da y recibe de los bodhisattvas de la Tierra y donde los bodhisattvas de la Tierra reciben y le dan al Buda.

Así, durante muchas vidas Sumedha buscó la Perfección de las Dádivas hasta que alcanzó la quintaesencia de la ley y lo dio todo, ofrendando su vida para que otros pudieran vivir.

Recordamos al Ungido del Cristo que dijo, “Si no coméis la carne del Hijo del Hombre, y bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros”.5 Por tanto, la última entrega de uno mismo es cuando el alma se da cuenta de que debe darse a sí misma como luz para ser asimilada por el cuerpo de la humanidad. En esta entrega se extingue la vela del ser inferior y se enciende la luz trina de la identidad real. Este es el primer paso al Nirvana.

 

 

PLEGARIA PARA LA UNIÓN EN LA NATURALEZA BÚDICA

 

Om Buda

Om Christos

Om Trikaya

Oh Buda, acercaos para ser vos mismo, yo mismo, como uno solo. Despierta dentro de mí la naturaleza búdica. Venid ahora, saliendo del gran Sol Central, foco de vuestra luz trina, de vuestra conciencia trina. Entrad en mi corazón y sed en todos y en todo como universalidad, como potencialidad, como realización, como integración.

Oh Madre -sabiduría de vuestro corazón, poder de vuestra acción, fuego de vuestra compasión-, venid ahora. Joya preciosa en el loto del ser. Om Maní Padme Hum

Ahora os llamo a vosotros, grandes Budas: Dipamkara, Gautama, Maitreya, Jesús. Enseñadme el camino, la verdad y la vida eterna. Preparadme para las iniciaciones del corazón para que pueda convertirme en esa joya en el centro del loto.

Om Mani Padme Hum

Om Mani Padme Hum

Om Mani Padme Hum Hrih

 

 

Devotos que van ascendiendo en la  rueda de la perfección

 

La historia de Sumedha es la historia de un alma que se convierte en el Buda; se trata de la historia de tu alma, de mi alma. En el curso de una miríada de encarnaciones humanas, el alma comienza a reflexionar acerca de la miseria de estar atrapada en la rueda de la reencarnación y acerca de por qué está sujeta a la vida y a la muerte, a la enfermedad y al deterioro. Y así, poco a poco, el alma se va dando cuenta de que la existencia periférica es vana, de que es una interminable cadena de vanidades.

Después de soportar más tormentas de pena y de dolor, el alma alcanza el punto en el que desea ser libre, más que ninguna otra cosa. En ese punto de la conversión, de la transformación, el alma hace el juramento de regresar a sus orígenes en Dios. Y luego el alma comienza su jornada hacia el centro de la ley y se centra dentro del Llameante. Esto es el bodhichitta.

El camino del Buda es el sendero de la iluminación a través del conocimiento de uno mismo, del conocimiento de cada uno de los aspectos del ser, del conocimiento de lo que es y de lo que no es el ser. El alma examina su sucesión de existencias, de karma creado por el deseo y la Búsqueda de la satisfacción a través de los sentidos físicos. El alma anhela algo más que todo esto, algo llamado la dicha eterna. Y cuando el alma está lista para la senda del Buda, el Buda llega calladamente.

La humanidad ha buscado un escape, un cese de las penas y la libertad fuera de los confínes de la carne. Pero pocos son los que han afianzado la identidad espiritual o han asegurado el destino de su alma en la perfección. Cuando únicamente busca las respuestas a la vida en la relatividad, el alma se encarcela a sí misma en las leyes de la mortalidad. Uno mismo hace y uno mismo se impone estas leyes, y muchas se han convertido en una ley que uno mismo se ha impuesto.

Ignorando los apremios internos de la intuición del alma, la gente vaga a través de las cuevas laberínticas del inconsciente y del subconsciente buscando la realidad. Y Mará, con uno de sus disfraces, las halaga y les infla el ego. Las hace sentir especiales de una manera soberbia. A causa de su distorsionada percepción de la meta, aceptan una existencia falsificada, insensibles a la miseria de su alma.

Habitar únicamente en los planos del substrato del ser atrapa al alma en la no existencia y en el camino de la muerte. El deseo que conduce a la muerte y la muerte que conduce al deseo se convierten en la opresiva zona crepuscular de la mediocridad. Es un estado nebuloso de pecado y de esfuerzo, que ni es luminoso ni es oscuro, no es bueno ni es malo. Y el alma está torturada, abofeteada por el karma que regresa, hasta que clama por su purificación y liberación.

Yo vengo a despejar las densidades mentales y a cavar un sendero que va desde las cámaras subterráneas hasta las alturas de los Himalayas. Yo penetro en las profundidades del inconsciente que es el plano de los pensamientos y sentimientos del Homo Sapiens, donde Mará ha esclavizado a la humanidad. Yo vengo con una luz, una luz triple de las preciosas joyas: el Buda, el Dharma y la Sangha. Yo vengo desde el Nirvana, El Iluminado, portando la antorcha de las edades.

Que las almas que quieran ser libres encuentren el camino y me sigan. Así como la Madre desciende a la Tierra a reclamar a los suyos, vengo yo también a defender su identidad en Dios.

PLEGARIA DEL QUE SERÁ EL BUDA

 

Om Buda de la Luz

Om Dipamkara

Om Tathagata

Antiguo portador de luz, encendedor de fuego, ¡Venid ya!

Entrad ahora en mi alma. Entrad, querido mío. Envolvedme en vuestra llameante presencia. Sed mi alma. ¡Venid, sanadme!

Purificadme ahora al transferirme vuestra luz.

Dejadme ser la libertad de la luz, la libertad para emancipar a toda vida, a todos los seres conscientes, de la irrealidad.

Ésta es mi plegaria.

Yo soy el que será el Buda, el Buda en el mundo venidero, proclamado por Dipamkara.

Me elevo sobre la fuente de la luz Madre.

Me elevo hasta el corazón para ser vuestra luz, para ser el Todo.

Yo soy el Buda. Yo seré el Buda.

Pues el Señor ha dicho, “Id, sed el Buda donde yo soy”.

Om Buda de la Luz

Om Dipamkara

Om Tathagata

Om

 

Extracto del libro:
Silenciosamente viene el Buda
Despierta la naturaleza de tu Buda interno
por Elizabeth Clare Prophet

El encuentro con el Buda
La historia de Sumedha puede ser la historia de tu alma

 

Gautama Buda

El Mantra Dorado a Padma Sambhava

Gautama Buda – Festival de  Wesak

 Meditación: Tu peregrinaje a Shambala

Meditación: La caja dorada de la solución

Chakras y el Sendero Óctuple de Gautama Buda

Video: Enseñanzas Budistas

.

.

Get the Flash Player to see the wordTube Media Player.