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MEDITACIÓN:

Tu peregrinaje a Shambala

 

 

 

Entrar en Shambala es entrar en una cámara en la mente de Dios. A través de la práctica de la meditación y de la visualización en el sendero del bodhisattva, puedes realizar el reino interior y el reino exterior.

En tu peregrinaje a esta Ciudad del Sol, llegas a un puente de mármol resplandeciente. Desde allí ya puedes ver a Shambala en el horizonte. Es una isla blanca de playas arenosas suspendida en un mar de zafiro.

Caminas atravesando el puente, tus pensamientos a flor de agua en el ritmo de las olas y tu corazón bañado por los rayos del eterno Sol. Todo lo demás se desvanece al respirar el “aliento de fuego de Dios y contemplar tu amor por Él y por tus votos de bodhisattva.

Al llegar al extremo del puente de mármol abres una puerta justo en el momento en que una parvada de palomas se arremolina por los aires. Mirándolas desaparecer, te percatas del domo dorado del templo principal que se eleva sobre la cima de la isla.

Sigues un sendero que da vueltas por exquisitos jardines, formaciones rocosas y cascadas. Ocasionalmente pasas por una gruta donde meditan los Budas, enviando una luz que brilla con un tenue resplandor.

Al alcanzar otro nivel, te sientes deleitado por las terrazas con fuentes de llamas de varias tonalidades. Los estandartes que representan las virtudes de los Budas y de los seres cósmicos rodean a una serie de templos de alabastro. Una parvada de azulejillos se remonta por los aires, señalándote el templo del domo dorado. El templo está en la cima de una alta pirámide que tiene una amplia escalera de mármol blanco.

Subes por los escalones de mármol y entras en el templo. En la puerta ves floreros llenos de tus flores favoritas. Has entrado en un santuario de amor, de dulce amor.

Kuan Yin, la bodhisattva de la Misericordia, te saluda con un abrazo y con una transferencia de la llama de la misericordia desde su corazón. Te da a beber un elíxir de sabiduría y compasión. Su rico color de un profundo violeta está moteado con oro.

Cuando entras al vestíbulo principal que hay bajo el domo dorado, percibes los cuerpos estrellados de billones de bodhisattvas que se reúnen en formación esférica alrededor de Gautama Buda. El Señor del Mundo está sentado en un trono de loto azul zafiro. Te unes a ellos en meditación.

Sobre el altar central observas que una estrella se hace cada vez más brillante hasta que el Buda Dipamkara y su divina consorte surgen de esa luz. Están vestidos con túnicas color madreperla y llevan unos sombreros que recuerdan a los que usan los lamas tibetanos. Dipamkara conduce un mantra santo en un idioma desconocido mientras aparecen frente a él llamas azules, doradas y rosas.

Te levantas frente a Dipamkara y él te bendice en la frente. Luego tomas un pedazo de madera de sándalo y la enciendes con las llamas azules, doradas y rosas. Llevando esa triple luz cerca de tu corazón, regresas a tu asiento de meditación.

Los billones de bodhisattvas que te rodean también llevan llamas. Tu mándala tridimensional comienza a expandirse y a llenarse de billones de Budas con sus comitivas.

Pronto el planeta entero está colocado en una esfera en tu mándala de Budas y de bodhisattvas. Tú le extiendes tu luz a los habitantes de la Tierra, fortaleciendo e inspirando a toda la vida consciente. Ahora la tierra está cubierta en llamas azules, doradas y rosas en remolino que comienzan a cambiar a una luz madreperla.

Te das cuenta de que toda la vida consciente ha alcanzado la iluminación y de que la Tierra se ha convertido en una estrella: la estrella de la libertad.

 

Meditación del libro:
Silenciosamente viene el Buda
Despierta la naturaleza de tu Buda interno
por Elizabeth Clare Prophet

 

 

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